«Stalin ya dijo en 1925 contra el seguidismo:
«Habla usted de la línea del P.C. de Alemania. Indudablemente –me refiero a su línea política–, es acertada. Ello, propiamente, explica las relaciones íntimas, amistosas –y no sólo de camaradas– entre el P.C.(b) de Rusia, y el P.C. de Alemania, esas relaciones de las que usted mismo habla en su carta. Pero ¿significa esto que debamos ocultar ciertos errores en la labor política del P.C. de Alemania o del P.C.(b) de Rusia? Naturalmente que no. ¿Puede afirmarse que el C.C. del P.C. de Alemania o el C.C. del P.C.(b) de Rusia no cometen algún que otro error? ¿Puede afirmarse que la crítica de una parte de la actividad del C.C. del P.C. de Alemania –utilización insuficiente del asunto Barmat, la conocida votación de la minoría comunista en el parlamento de Prusia en el problema de la elección del presidente del parlamento, el problema de los impuestos relacionados con el plan Dawes, etc.– excluye la plena solidaridad con la línea general del C.C. del P.C. de Alemania? Claro que no. ¿Qué sería de nuestros Partidos si al encontramos nosotros en el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, supongamos, cerrásemos los ojos a los errores de nuestros Partidos, nos entusiasmásemos ensalzando nuestro «acuerdo completo» y nuestra «bonanza» y nos pusiéramos a decir amén en todas las cuestiones? Creo que semejantes partidos nunca llegarían a ser revolucionarios. Serían momias, pero no partidos revolucionarios. Me parece que algunos camaradas alemanes se sienten a veces inclinados a pedimos que demos nuestro asentimiento a todo lo que hace el Comité Central del P.C. de Alemania, estando por su parte siempre dispuestos a asentir a cuanto haga el Comité Central del C.C.(b) de Rusia. Yo me opongo enérgicamente a ese asentimiento mutuo. A juzgar por su carta, usted es de la misma opinión. Tanto mejor para el P.C. de Alemania». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Carta del Camarada Me-rt, 8 de noviembre de 1925)
Aunque parezca increíble, estas sencillas concepciones de las relaciones entre partidos no fueron adoptadas por casi ningún partido de aquel entonces. La cuestión tampoco mejoró mucho tras el desmoronamiento vital de la mayoría de partidos bajo la usurpación de los jruschovistas.
En el IIIº Congreso del PCE (m-l) de 1979 se decidió autocensurar al público el capítulo del informe: «Algunas cuestiones sobre el movimiento comunista internacional (marxista-leninista)», bajo la excusa de que «por razones obvias, de esta parte del informe, se publicaran solo extractos». ¡¿Qué razones obvias?! Más allá de que el público asistente pudiese escuchar el informe entero o no, dedicando escasas páginas a la versión final escrita, el PCE (m-l) privó a sus compañeros internacionales y a las generaciones venideras de un estudio concienzudo de los problemas internacionales de entonces. Eludiendo datos de cuestiones sensibles como cuestiones militares, domicilios, financiación y afiliación interna o próximas movilizaciones de peso, un partido no puede eludir en una exposición sus propios documentos, mucho menos cuando versan de luchas ideológicas. Como sabemos, las direcciones de todos los partidos oportunistas de la actualidad: PCE, PCOE, PCPE, PCE (r), RC, UP, IC, PTE y toda la sopa de letras revisionista se escudan en que «por cuestiones de seguridad» o por «cuestiones de la represión sufrida», prefieren o no pueden exponer sus documentos, ¡dando a entender que si los expusieran todos podríamos ver la gran calidad de sus escritos y análisis! Lo que no entienden es que un partido comunista como tal, no teme esconder sus posiciones políticas, económicas y culturales, y que uno que hace eso, no puede aspirar más que a ser un reducto marginal. No obstante, se ha de aclarar que entendemos que en determinadas circunstancias haya una limitación de la información en temas concretos de cara a coyunturas práctico-organizativas que por su sensibilidad deben tratarse con precaución para no delatarnos ante el enemigo. Pero como ya hemos expresado, esta limitación de la información debe de ser concreta y coyuntural, y nunca en materia político-ideológica, económica o programática.
Lamentablemente dentro del PCE (m-l) se cosechó la teoría de que las críticas entre partidos eran necesarias para reforzar los lazos ideológicos, pero que ellas debían resolver siempre de forma interna, ya que, toda disputa teórica podría ser aprovechada por el enemigo (sic):
«Vemos casos de clara desviación de los principios, de posiciones claras de oportunismo correcto y chovinismo que conducen, si no se rectifican, al pantano del revisionismo. ¿Pero qué debemos hacer? ¿Pasar en silencio debido a la «independencia» de cada partido y dejar continuar el proceso de degeneración? No, decimos y diremos claramente lo que pensamos, sin temores ridículos sobre las polémicas que nos hacen callar. Porque esta polémica sirve para aclarar ideas y conceptos, para corregir errores si no son tercos. (...) Por esto no podemos callarnos, ya que esto sería, además de cobardía, desprecio por los pueblos y los trabajadores de los países en cuestión y, al mismo tiempo, romper con la tradición leninista de polemizar, de censurar y no dar cuartel a aquellos que, consciente o inconscientemente, han desviado o distorsionado las leyes y los principios del marxismo. (...) Somos de la opinión, que mientras exista una posibilidad de corregir los errores, es por ello necesario y honorable, que la polémica deba desarrollarse a nivel interno y no público». (Raúl Marco; Sobre algunas cuestiones del Movimiento Internacional; Discurso pronunciado en un plenario ampliado del Comité Central, 3 de octubre de 1982)









